Hay amigos del blog que les gusta participar, comentando las entradas y algunas veces proponen canciones. Esto último sucedió con esta bellísima canción de Roberto Yacomuzzi y Juan Falú (letra y música respectivamente).
Julieta es quien me sugirió esta canción, yo encantado de recibir su colaboración, y por si fuera poco, en su mail me dió toda la información de la misma y me pasó algunos de los músicos que la han interpretado. Julieta es profesora de música y me comentaba algo interesante: “…las primeras dos estrofas son siempre igual, y las segundas son una especie de “rompecabezas” de las anteriores, que puede variar, de hecho, en la versión de Juan y Luna es distinta… y me gusta pensar en eso, en la posibilidad de una canción que no termine en la canción en si, si no que abra una puerta, una ventana, para explorar, para recrear, para formar parte.” Está buenísimo eso que dice Julieta. Muchas gracias!!!
Que las disfruten!!


Letra: Roberto Yacomuzzi (Argentina)
Música: Juan Falú (Argentina)

Versión: Libresur (Roberto Yacomuzzi – Sergio La Corte)


Versión: Liliana Herrero (Argentina)


Versión: Luna Monti y Juan Quintero (Argentina)


Versión: Carlos “Negro” Aguirre (Argentina)



Letra:

El viento me confió cosas 
Que siempre llevo conmigo, 
Me dijo que recordaba 
Un barrilete y tres niños, 
Que el sauce estaba muy débil, 
Que en realidad él no quiso, 
Que fue uno de esos días 
Que todo es un estropicio. 

Me dijo que los pichones 
A veces de apresurados 
Caen al suelo indefensos 
Y él no consigue evitarlo. 
Me habló de arenas de agosto, 
De cartas de enamorados, 
Del humo en las chimeneas, 
Del fuego abrazando el árbol. 

Iba quebrado de culpas 
Y seguía confesando. 
En su lomo de distancias 
No cabalgaba ni un pájaro. 
Era un fantasma ese viento, 
Un alma en pena penando 
Y en ese telar de angustias 
Tejió sus babas el diablo. 

Me dijo que recordaba 
Que en realidad él no quiso. 
Un barrilete y dos niños. 
Me habló de arenas al cielo 
Y chimeneas al piso, 
De cartas de enamorados, 
Que todo es un estropicio. 

Era un fantasma ese viento, 
Tejió sus babas el diablo, 
Iba quebrado de culpas 
Y no consigue evitarlo. 
En ese telar de angustias 
El fuego abrazando el árbol, 
El sauce estaba muy débil 
Y seguía confesando. 

Le pregunté por las chapas 
Del techo de los de abajo 
Dijo: “el hombre ha de luchar 
Para conseguir los clavos 
En vez de hincarse a rezar 
Para olvidar sus quebrantos 
O de sentarse a esperar 
Regalos eleccionarios”. 

Me sorprendió la respuesta 
Pero no quise atajarlo, 
Pues cuando lleva razón 
Vaya, quién quiere pararlo 

El viento me confió cosas 
Que siempre llevo conmigo, 
Que siempre llevo conmigo.